EL PAPEL DE LAS INSTITUCIONES DE EDUCACIÓN SUPERIOR Y DEL SECTOR EMPRESARIAL COMO FAVORECEDORES DE LA COMPETITIVIDAD OCUPACIONAL
Por: Carol Marcela Cubillos Hernández
Terapeuta Ocupacional. Especialista en Gerencia en Gestión Humana y Desarrollo Organizacional
Universidad del Rosario. Bogotá Colombia.
carolmarcela@gmail.com
Consultora organizacional - GENTE COMPETITIVA LTDA.
Cuando unimos los conocimientos adquiridos durante nuestro proceso de formación - educación - y aplicamos dichos conocimientos en la práctica – trabajo-, creemos que estamos lo suficiente preparados para asumir los retos que nos impone el entorno cada vez más exigente y competitivo que vemos hoy. Nos vemos enfrentados a cambios de tecnología, de pensamiento, de infraestructura, de acceso a la información, y de cultura en general. La competitividad ocupacional cada día va en aumento, porque lo que se sabe hoy probablemente mañana será obsoleto.
Teniendo en cuenta lo dicho anteriormente las políticas de formación y actualización de las tendencias ocupacionales también deben cambiar partiendo del comportamiento del mercado en cuanto a la demanda de conocimientos, habilidades y destrezas requeridos. Además deben apuntar a grupos objetivo claves, que necesitan una formación profesional basada en competencias laborales acabando de esta manera con calificaciones obsoletas. Estos grupos son:
(1) Estudiantes en proceso de formación, egresados que buscan empleo por primera vez o que desean hacer parte de una organización y aquellos que desean información y actualización permanente en el tema del mercado laboral y ocupacional competitivo y que no pueden acceder a ella por sus propios medios.
(2) Trabajadores, con experiencia que deben adecuarse al cambio tecnológico, que desean ascender dentro de la organización y/o trabajadores desplazados por la reestructuración productiva, puesto que para ellos es importante capitalizar su experiencia laboral previa.
Si se observa el panorama de las instituciones de educación superior al respecto, debido a su reconocimiento institucional, la experiencia pedagógica de relación con el mundo laboral, de construcción curricular y de selección idónea de su recurso humano, podría pensarse que estas instituciones tienen la capacidad de preparar los mejores profesionales. Profesionales que cuentan con una oferta tan completa, segura de suplir las expectativas en lo referente a servicios, que pueden ubicarse fácilmente en el mercado por encontrase perfectamente alineados con la demanda, sin embargo la realidad muestra otro escenario.
Según el Observatorio Laboral y Ocupacional (SENA), se reporta que para los inscritos en promedio según género, experiencia requerida, situación ocupacional, área de desempeño, nivel de cualificación, edad, y nivel salarial, de los cargos vacantes no se demanda ni el 50% y se encuentran colocados o ubicados laboralmente más o menos el 10%.
La descripción anterior llama la atención, puesto que las Instituciones de educación superior, forman “los mejores profesionales”, y a pesar que los índices de desempleo disminuyeron en 1.6% para el 2005, existe mucha oferta pero poca demanda, debido a que se requieren trabajadores más polivalentes, que puedan cumplir algunas otras funciones y en general más competentes.
Partiendo de este punto de vista la incompetencia en el campo laboral puede ser sinónimo de disfunción laboral?. Para muchas personas se ha convertido en esto, puesto que al no contar con competencias laborales necesarias para determinados cargos, deciden inhabilitarse a sí mismas, no son concientes del potencial que pueden tener en otras áreas que están esperándolos con los brazos abiertos, se encierran y limitan a los campos de su “saber profesional” y dejan a un lado todos aquellos saberes que la vida les proporcionó convirtiéndose en desempleados permanentes.
Pero a que mas se puede referir esta disfunción laboral?. Será que al igual que la disfunción física, sensorial y emocional existen factores que pueden generar una disfunción laboral como tal que le impida al individuo desarrollar tareas, sentirse productivo y útil a la sociedad?. Tal vez si o tal ves no. Lo que algunos ven como un fracaso otros por el contrario lo aprovechan desarrollando habilidades y fortaleciendo aptitudes que nunca imaginaron y las convierten en competencias laborales.
Será entonces que necesitamos “motivadores externos”, para ser competitivos ocupacionalmente y demostrar lo que si podemos llegar a ser?.
Actualmente, existe una imperante necesidad de formación para el trabajo basada en competencias, que implique habilidades generales y capacidad de resolver problemas y que a su vez integre conocimientos tecnológicos y aprendizaje en ocupaciones reales del mundo del trabajo.
Este planteamiento esta dando sus primeros pasos en instituciones de educación superior, las cuales ya contemplan dentro de su plan de estudios, competencias profesionales, perfil de los egresados, perfiles ocupacionales, y formación investigativa como requisitos para un óptimo desempeño de sus profesionales.
No obstante, estas competencias profesionales, aunque también hacen alusión a los conocimientos, habilidades y destrezas requeridos en las diferentes disciplinas o áreas ocupacionales, no son competencias laborales, sino tan solo una parte de lo que enmarcan dichas competencias, porque ¿realmente estas competencias dejan ver lo que los trabajadores hacen cuando se ven enfrentados al cambio o a situaciones críticas? realmente estas competencias están cumpliendo con las expectativas de las organizaciones siendo el puente de colocación oportuna en el mercado? corresponden al desempeño ocupacional real de los trabajadores en las organizaciones?.
Los retos que plantean las competencias laborales a las instituciones de educación superior a diferencia de la orientación tradicionalmente academicista (formación de competencias profesionales) que pueden tener muchos programas formativos, se caracterizan por: enfocar el desempeño laboral y no los contenidos de los cursos, mejorar la relevancia de lo que se aprende, evitar la fragmentación tradicional de programas academicistas, facilitar la integración de contenidos aplicables al trabajo, generar aprendizajes aplicables a situaciones complejas, favorecer la autonomía de los individuos, transformar el papel de los docentes hacia una concepción de facilitar y provocar.
Por eso los perfiles ocupacionales y de los egresados de cada institución deben estarse actualizando, al igual que deben reevaluarse periódicamente las competencias requeridas en éstos, ya que el panorama colombiano refleja que profesionales en áreas de la salud, educación, administración, ingenierías, artes, derecho, entre muchos otros muestran un comportamiento laboral y ocupacional poco dinámico.
Por otra parte en las empresas se detectan cuellos de botella en las calificaciones, puesto que se identifican problemas señalados por las gerencias en cuanto a la calidad de sus recursos humanos con referencia a la capacidad de concentración, abstracción, comunicación escrita y verbal, y con respecto a la capacidad de asumir responsabilidades, tomar iniciativas y decidir sobre determinados aspectos de la rutina de trabajo. En conjunto esto implica más que entrenamiento específico; son competencias básicas, intelectuales y de comportamiento que se adquieren a partir de una formación fundamental, como los estudios y se desarrollan en el trabajo productivo y en la capacitación no formal (Abramo 1997).
El tema de las competencias se ha instalado en la discusión de los objetivos y la planificación de la capacitación. Están surgiendo intentos de establecer sistemas que permitan, con la participación de empresarios y trabajadores, definir en las diversas ramas de la economía las competencias necesarias para los distintos niveles de calificación, brindar transparencia a dicha definición y acreditar los aprendizajes realizados por diferentes medios.
La idea es pasar de la certificación de títulos educativos a la acreditación de capacidades reales de trabajo. Así como la calificación se define según la capacidad potencial para realizar las tareas correspondientes a una actividad o puesto, la competencia es la capacidad real para lograr un objetivo o resultado en un contexto dado. Hoy en día se está construyendo ese sistema de competencias con la colaboración de los empresarios y las instituciones educativas (Argüelles 1996; Mertens 1996).
Por todo lo mencionado anteriormente surge la pregunta: se esta orientando a los profesionales desde las instituciones de educación superior y desde lo esperado por las organizaciones hacia la competitividad ocupacional o hacia la disfunción laboral?.
BIBLIOGRAFÍA
- SENA, Dirección General, División de Estudios Ocupacionales, .Metodología para la elaboración de Normas de Competencia Laboral. Bogotá, 2003.
- MERTENS, Leonard. Programa de Cooperación Iberoamericana para el Diseño de la Formación Profesional (IBERFOP). Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI), Madrid, 1998.
- PNUD. Educación. La agenda del siglo XXI. Hacia un desarrollo humano. Director Hernando Gómez Buendía, PNUD.TM Editores Colombia, 1998.
- SCANS. Lo que el trabajo requiere de las escuelas, Washington, departamento de trabajo, 1992. |